El 25 de
noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las
mujeres, fue declarado por la Asamblea General de Naciones Unidas el 17 de
diciembre de 1999, con el objeto de visibilizarla y actuar por su
desaparición. La violencia
de género se
manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra
sociedad, una desigualdad basada en los aún arraigados valores patriarcales de la
sociedad. Se trata de una violencia que se dirige a las mujeres por el solo
hecho de serlo, por ser consideradas por sus agresores posesiones propias sin
los derechos mínimos de igualdad, libertad, respeto y capacidad de decisión.
El año 2015 esta marcado por el
alarmante aumento de este tipo de violencia, pero lo más triste es la nula reacción de los
poderes públicos así como el consentimiento de una parte importante de la sociedad, que
sigue construyendo la desigualdad y la discriminación machista. Estos hechos hacen que la violencia machista deba ser una cuestión de Estado y que sea imprescindible la aplicación de medidas políticas enfocadas a la erradicación de esta violencia.
Es en este contexto de desigualdad y discriminación patriarcal, donde se
enmarcan todo tipo de agresiones contra las mujeres, la solución radica en fomentar una sociedad
fundamentada y asentada en la igualdad real. Y para alcanzar esta sociedad igualitaria se debe de trabajar desde todos los ámbitos: en las escuelas, en el hogar, en las Administraciones públicas, medios de comunicación y publicidad... y contar con las mujeres a la hora de elaborar leyes o políticas destinadas a eliminar la violencia e impulsar la igualdad.



