viernes, 14 de agosto de 2015

NOS MATAN POR SER MUJERES




Más de 30 mujeres han sido asesinadas en lo que va de año. El primer pensamiento que me viene a la cabeza es que en este país se está asesinando a las mujeres, simplemente por ser mujeres. Perdonar la redundancia pero no encuentro ni explicación ni lógica a estos asesinatos, y posiblemente esa sea la única causa: “nos matan por ser mujeres”.

A Susana, Ainara, Gema, Encarnación, Beatriz, Laura, Marina, entre otras mujeres más, les han arrebatado la vida por el simple hecho de “la maté porque era mía”. Y no solo a ellas, sino a hijos e hijas (8 menores) que se han convertido en la moneda de cambio para la fría venganza.

Algo está fallando en España, un país democrático donde la libertad del individuo debería primar por encima de todas las cosas y donde, supuestamente, se defiende la Declaración de los Derechos Humanos. Es incomprensible que en pleno siglo XXI todavía quede latente en la sociedad española vestigios machistas, que en su máxima expresión se transforman en femicidio. La Ley Integral contra la Violencia de Género pretende ofrecer a las víctimas una asistencia jurídica con garantías, pero esta no funciona.  La sociedad no está sensibilizada y los profesionales carecen de formación específica en la materia. 

De hecho, estos casos de asesinato no aparecen en las portadas de los medios de comunicación, ni en las ruedas de prensa, ni en las cabeceras de los informativos…; son solamente casos publicados en las páginas de sucesos, como si se tratase de otra noticia más. Cuando la realidad es muy distinta. Casi todas las mañanas nos despertamos con la misma noticia, “hoy otra mujer asesinada” y nos llevamos las manos a la cabeza sorprendidas y lamentando que esto siga ocurriendo. Concentraciones, manifestaciones, minutos de silencio y gritos de “disculpen las molestias, pero nos están asesinando” no están siendo efectivos y las causas son  la dejadez por parte de los poderes políticos, que recortan los presupuestos destinados a políticas de género, así como la falta de formación de los profesionales y la escasa sensibilización en nuestras aulas.

Es necesario y urgente que nuestros menores y adolescentes sean educados en la igualdad, en los principios feministas de solidaridad y respeto hacia los distintos géneros. La coeducación debe de convertirse en uno de los pilares básicos de la sociedad, no solo en las escuelas, sino también en el hogar. Es necesario acabar con el sexismo que rodea a los más pequeños y pequeñas desde el momento de su nacimiento: ropita azul para él y rosa para ella, muñecas para ellas y balones de fútbol para él, y un largo etcétera. El sexismo en las industrias de juguetes establece los roles que cada género está obligado a cumplir en la sociedad, pero ¿quién dicta las normas?, ¿quién marca los roles? Quizás estamos ante una sociedad que respalda y calla ante la desigualdad de género, porque es así como somos y es así como todo está establecido.

Nuestra juventud crece y defiende unos estereotipos del amor que son dañinos y se acercan al sometimiento. El mito del amor romántico cala entre los y las jóvenes. Para ellas, es normal que sus parejas sean celosas, que les controlen el móvil, la forma de vestir, sus amistades…, porque eso es el “verdadero amor”, ese es el auténtico significado de “estar enamorados” Cuando en realidad estamos hablando de casos de violencia machista, que cada día crece más y más entre los y las adolescentes.

¿Cuál puede ser la salida? Posiblemente aceptar que el machismo mata, que estamos ante un terrorismo doméstico que lleva más de mil víctimas desde que empezó el siglo XXI, que el Estado debe ser responsable y buscar soluciones a un problema real que sufre la sociedad española.

Raquel Rodríguez Llorca


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