Más de 30 mujeres han sido
asesinadas en lo que va de año. El primer pensamiento que me viene a la cabeza
es que en este país se está asesinando a las mujeres, simplemente por ser
mujeres. Perdonar la redundancia pero no encuentro ni explicación ni lógica a
estos asesinatos, y posiblemente esa sea la única causa: “nos matan por ser
mujeres”.
A Susana, Ainara, Gema,
Encarnación, Beatriz, Laura, Marina, entre otras mujeres más, les han
arrebatado la vida por el simple hecho de “la maté porque era mía”. Y no solo a
ellas, sino a hijos e hijas (8 menores) que se han convertido en la moneda de
cambio para la fría venganza.
Algo está fallando en España, un
país democrático donde la libertad del individuo debería primar por encima de
todas las cosas y donde, supuestamente, se defiende la Declaración de los
Derechos Humanos. Es incomprensible que en pleno siglo XXI todavía quede
latente en la sociedad española vestigios machistas, que en su máxima expresión
se transforman en femicidio. La
Ley Integral contra la Violencia de Género pretende ofrecer a las
víctimas una asistencia jurídica con garantías, pero esta no funciona. La sociedad no está sensibilizada y los
profesionales carecen de formación específica en la materia.
De hecho, estos casos de
asesinato no aparecen en las portadas de los medios de comunicación, ni en las
ruedas de prensa, ni en las cabeceras de los informativos…; son solamente casos
publicados en las páginas de sucesos, como si se tratase de otra noticia más.
Cuando la realidad es muy distinta. Casi todas las mañanas nos despertamos con
la misma noticia, “hoy otra mujer asesinada” y nos llevamos las manos a la
cabeza sorprendidas y lamentando que esto siga ocurriendo. Concentraciones,
manifestaciones, minutos de silencio y gritos de “disculpen las molestias, pero
nos están asesinando” no están siendo efectivos y las causas son la dejadez por parte de los poderes
políticos, que recortan los presupuestos destinados a políticas de género, así
como la falta de formación de los profesionales y la escasa sensibilización en
nuestras aulas.
Es necesario y urgente que
nuestros menores y adolescentes sean educados en la igualdad, en los principios
feministas de solidaridad y respeto hacia los distintos géneros. La coeducación
debe de convertirse en uno de los pilares básicos de la sociedad, no solo en
las escuelas, sino también en el hogar. Es necesario acabar con el sexismo que
rodea a los más pequeños y pequeñas desde el momento de su nacimiento: ropita
azul para él y rosa para ella, muñecas para ellas y balones de fútbol para él,
y un largo etcétera. El sexismo en las industrias de juguetes establece los
roles que cada género está obligado a cumplir en la sociedad, pero ¿quién dicta
las normas?, ¿quién marca los roles? Quizás estamos ante una sociedad que
respalda y calla ante la desigualdad de género, porque es así como somos y es
así como todo está establecido.
Nuestra juventud crece y defiende
unos estereotipos del amor que son dañinos y se acercan al sometimiento. El
mito del amor romántico cala entre los y las jóvenes. Para ellas, es normal que
sus parejas sean celosas, que les controlen el móvil, la forma de vestir, sus
amistades…, porque eso es el “verdadero amor”, ese es el auténtico significado
de “estar enamorados” Cuando en realidad estamos hablando de casos de violencia
machista, que cada día crece más y más entre los y las adolescentes.
¿Cuál puede ser la salida?
Posiblemente aceptar que el machismo mata, que estamos ante un terrorismo
doméstico que lleva más de mil víctimas desde que empezó el siglo XXI, que el
Estado debe ser responsable y buscar soluciones a un problema real que sufre la
sociedad española.

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