jueves, 14 de diciembre de 2017

¿Por qué nos oponemos a la Gestación Subrogada? porque no somos "vasijas"




A lo largo de la historia el papel de la mujer ha estado condicionada a la maternidad. La única función de las mujeres ha sido ser madres y educar a futuros ciudadanos y ciudadanas ejemplares que defendieran el sistema social establecido por los Poderes Públicos.

Las mujeres hemos sido condenadas a la tutelada del Estado, de la Iglesia y de la familia. Somos consideradas las eternas menores de edad, dejando al lado el estatus de personas para pasar a ser hijas, hermanas, esposas o madres.

Tenemos que tener en cuenta, que las mujeres no somos únicamente máquinas reproductoras que fabrican hijos e hijas, el patriarcado tiene unas raices muy profundas y se manifiesta de forma muy diferente, en otros países todavía existe el matrimonio concertado, como forma de controlar a la mujer, y aquí en occidente utilizamos el eufemismo de Gestación Subrogada para convertir a las mujeres en vasijas y comercializar su maternidad.

La Gestación por “altruismo y generosidad”, en el momento que se regulariza se convierte en un comercio más , que no evitará  la mercantilización, el tráfico y las granjas de mujeres comprando embarazos a la carta. Además, cuando se habla de  altruismo y generosidad de las mujeres gestantes, para validar la regularización de los vientres de alquiler, refuerza la arraigada definición de las mujeres, propia de las creencias religiosas, como “seres para otros” cuyo horizonte vital es el “servicio”, dándose a los otros. Lo cierto es que la supuesta “generosidad”, “altruismo”y”consentimiento” de unas pocas solo sirve de parapeto argumentativo para esconder el tráfico de úteros y la compra de bebés estandarizados según precio.

Realmente ¿qué mujer va a comercializar su útero? Posiblemente aquellas que están en una situación precaria y ¿quién va a comprar esos bebes? Posiblemente aquellas personas que puedan permitirse pagar un precio elevado. De nuevo, la diferencia de clase se hará patente y volveremos a hablar de la feminización de la pobreza, de que una mujer que vive en situación precaria, la única forma de salir de ella es “abriéndose de piernas”. 

Regularizar el alquiler de vientres supone comercializar a seres humanos ¿Quién somos nosotros y nosotras para decidir por ellos? Es el momento de reflexionar y ver más allá de la necesidad que algunas personas pueden tener por ser padres y madres. Tenemos que reflexionar y analizar la situación en la que se van a encontrar muchas mujeres, si finalmente se aprobase esta legislación.