A lo largo de la historia el papel de la mujer ha estado condicionada a la maternidad. La única función de las mujeres ha sido ser madres y educar a futuros ciudadanos y ciudadanas ejemplares que defendieran el sistema social establecido por los Poderes Públicos.
Las mujeres hemos sido condenadas a la tutelada del Estado, de la Iglesia y de la familia. Somos consideradas las eternas menores de edad, dejando al lado el estatus de personas para pasar a ser hijas, hermanas, esposas o madres.
Tenemos que tener en cuenta, que las mujeres no somos
únicamente máquinas reproductoras que fabrican hijos e hijas, el patriarcado
tiene unas raices muy profundas y se manifiesta de forma muy diferente, en
otros países todavía existe el matrimonio concertado, como forma de controlar a
la mujer, y aquí en occidente utilizamos el eufemismo de Gestación Subrogada
para convertir a las mujeres en vasijas y comercializar su maternidad.
La Gestación por “altruismo y generosidad”, en el
momento que se regulariza se convierte en un comercio más , que no evitará
la mercantilización, el tráfico y las granjas de mujeres comprando
embarazos a la carta. Además, cuando se habla de altruismo y generosidad de las mujeres
gestantes, para validar la regularización de los vientres de alquiler, refuerza
la arraigada definición de las mujeres, propia de las creencias religiosas,
como “seres para otros” cuyo horizonte vital es el “servicio”, dándose a los
otros. Lo cierto es que la supuesta “generosidad”,
“altruismo”y”consentimiento” de unas pocas solo sirve de parapeto argumentativo
para esconder el tráfico de úteros y la compra de bebés estandarizados según
precio.
Realmente ¿qué mujer va a comercializar su útero? Posiblemente
aquellas que están en una situación precaria y ¿quién va a comprar esos bebes? Posiblemente
aquellas personas que puedan permitirse pagar un precio elevado. De nuevo, la
diferencia de clase se hará patente y volveremos a hablar de la feminización de
la pobreza, de que una mujer que vive en situación precaria, la única forma de
salir de ella es “abriéndose de piernas”.
Regularizar el alquiler de vientres supone comercializar a seres humanos ¿Quién somos nosotros y nosotras para decidir por ellos? Es el momento de reflexionar y ver más allá de la necesidad que algunas personas pueden tener por ser padres y madres. Tenemos que reflexionar y analizar la situación en la que se van a encontrar muchas mujeres, si finalmente se aprobase esta legislación.
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