martes, 28 de julio de 2015

La revolución tiene nombre de mujer



Las mujeres somos las grandes olvidadas, en todos los sentidos. Desde siempre hemos sido las eternas menores de edad, tuteladas por los padres, esposos, el estado y sobre todo, por la Iglesia.

En pleno siglo XXI, muchas mujeres se consideran libres pero en realidad, la mujer sigue condenada y esclavizada a aquellas consignas que se nos marcan desde la sociedad. Debes ir a la última moda, tomar actitudes masculinas en el ámbito laboral, parecer eternamente joven, suspirar por hombres como el tal Grey, parecer siempre perfectas…en fin, ser madres, trabajadoras, administradoras, enfermeras con tus hijas e hijos, psicólogas con tus amistades, Clowns en los malos momentos y demás roles sin despeinarnos y sin desmaquillarnos.

La sociedad nos ha convertido en Superwomen, pero alguien nos ha preguntado si realmente queremos serlo. Esta obligación de ser continuamente perfectas, ha hecho que las mujeres nos sacrifiquemos constantemente olvidándonos de nuestras prioridades. Nos levantamos por las mañanas, encendemos el chip y ¡a por todas!, sin tener en cuenta que también debemos tener nuestro espacio y, sobre todo, nuestro tiempo.

Un tiempo que es necesario para darnos permiso, por mucho que nos sorprende, las mujeres no nos damos permiso para sentirnos importantes, ser felices, mimarnos un rato… sacrificamos nuestro tiempo poniéndonos al servicio de la familia, el trabajo y de la sociedad, la cual sigue reclamando que las mujeres seamos sumisas y sobre todo, obedientes ciudadanas.

La lucha de las mujeres es un hito en la historia, llevada a cabo por una minoría que a pasos agigantados ha conseguido pequeños logros que han dado voz a “las invisibles”. Claros ejemplos encontramos, como las sufragistas del siglo XIX reclamando el derecho a voto; las trabajadoras explotadas en las primeras fábricas de la Revolución Industrial con jornadas de más de doce horas sin ninguna impugnidad–como las 146 trabajadoras de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York que fallecieron tras el incendio del 25 de marzo de 1911  (hecho que dio lugar al Día Internacional de la Mujer) -; Rosa Parks que se negó a ceder su asiento a un blanco y pasarse a la parte de atrás del autobús en el Sur de EE.UU; Rosa Luxemburgo defensora de la lucha de clase y que desafío a las convenciones de la época; Flora Tristán una de las fundadoras del feminismo moderno; Simone Beauvoir filosofa y autora de una de las obras más emblemáticas del feminismo (El segundo sexo); Concepción Arenal que defendió los derechos de la mujer como colectivo marginado reivindicando el derecho a la Educación; Clara Campoamor que reclamó y defendió el voto de la mujer; sin olvidarnos de las miles de mujeres de todo el mundo que luchan, desde la invisibilidad, para conseguir la igualdad real y defender los derechos que nos corresponden.

Las mujeres debemos organizarnos, luchar por lo que es nuestro, olvidarnos de competir entre nosotras y, sobre todo, unirnos para dejar de ser “las olvidadas”. Es el momento de decir ¡Basta!, de decir ¡No!, porque no estamos solas en nuestra lucha por la Igualdad real. Ya no somos una minoría, consideradas de segunda categoría, somos ciudadanas imprescindibles para la economía de los países y para el mantenimiento de la sociedad.

Raquel Rodríguez Llorca

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