Las mujeres somos las grandes
olvidadas, en todos los sentidos. Desde siempre hemos sido las eternas menores
de edad, tuteladas por los padres, esposos, el estado y sobre todo, por la
Iglesia.
En pleno siglo XXI, muchas
mujeres se consideran libres pero en realidad, la mujer sigue condenada y
esclavizada a aquellas consignas que se nos marcan desde la sociedad. Debes ir
a la última moda, tomar actitudes masculinas en el ámbito laboral, parecer
eternamente joven, suspirar por hombres como el tal Grey, parecer siempre
perfectas…en fin, ser madres, trabajadoras, administradoras, enfermeras con tus
hijas e hijos, psicólogas con tus amistades, Clowns en los malos momentos y demás roles sin despeinarnos y sin
desmaquillarnos.
La sociedad nos ha convertido en Superwomen, pero alguien nos ha
preguntado si realmente queremos serlo. Esta obligación de ser continuamente perfectas, ha hecho que las mujeres
nos sacrifiquemos constantemente olvidándonos de nuestras prioridades. Nos
levantamos por las mañanas, encendemos el chip y ¡a por todas!, sin tener en
cuenta que también debemos tener nuestro espacio y, sobre todo, nuestro tiempo.
Un tiempo que es necesario para
darnos permiso, por mucho que nos sorprende, las mujeres no nos damos permiso para sentirnos importantes, ser felices,
mimarnos un rato… sacrificamos nuestro tiempo poniéndonos al servicio de la
familia, el trabajo y de la sociedad, la cual sigue reclamando que las mujeres
seamos sumisas y sobre todo, obedientes ciudadanas.
La lucha de las mujeres es un
hito en la historia, llevada a cabo por una minoría que a pasos agigantados ha
conseguido pequeños logros que han dado voz a “las invisibles”. Claros ejemplos
encontramos, como las sufragistas del siglo XIX reclamando el derecho a voto;
las trabajadoras explotadas en las primeras fábricas de la Revolución
Industrial con jornadas de más de doce horas sin ninguna impugnidad–como las 146
trabajadoras de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York que
fallecieron tras el incendio del 25 de
marzo de 1911 (hecho que dio
lugar al Día Internacional de la Mujer) -; Rosa Parks que se negó a ceder su
asiento a un blanco y pasarse a la parte de atrás del autobús en el Sur de
EE.UU; Rosa Luxemburgo defensora de la lucha de clase y que desafío a las
convenciones de la época; Flora Tristán una de las fundadoras del feminismo
moderno; Simone Beauvoir filosofa y autora de una de las obras más emblemáticas
del feminismo (El segundo sexo);
Concepción Arenal que defendió los derechos de la mujer como colectivo
marginado reivindicando el derecho a la Educación; Clara Campoamor que reclamó
y defendió el voto de la mujer; sin olvidarnos de las miles de mujeres de todo
el mundo que luchan, desde la invisibilidad, para conseguir la igualdad real y
defender los derechos que nos corresponden.
Las mujeres debemos organizarnos,
luchar por lo que es nuestro, olvidarnos de competir entre nosotras y, sobre
todo, unirnos para dejar de ser “las olvidadas”. Es el momento de decir
¡Basta!, de decir ¡No!, porque no estamos solas en nuestra lucha por la
Igualdad real. Ya no somos una minoría, consideradas de segunda categoría,
somos ciudadanas imprescindibles para la economía de los países y para el
mantenimiento de la sociedad.
Raquel Rodríguez Llorca
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